LA LECTURA, UN VÍNCULO INDESTRUCTIBLE ENTRE PADRES E HIJOS

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Los adultos solemos vincular el amor o afición por la lectura en nuestros niños y niñas con un mejor rendimiento académico, mayor inteligencia y un futuro más brillante. Pero ¿hemos pensado que los libros y la lectura pueden ser un espacio ideal para acercarnos a nuestros hijos?, ¿que este puede ser un lugar de encuentro, en el que las emociones de ambos (padres e hijos) se vuelcan y transparentan, ya no solo por la historia que leen o escuchan, sino por la experiencia compartida?

Si bien utilizamos el posesivo para hablar de los hijos (“mi hijo”), sabemos de sobra que son seres con gustos e intereses propios, que descubren el mundo de una manera, a veces muy diferente a la nuestra, y por eso sentimos que en la relación padre/madre – hijo, no solo enseñamos o educamos, sino que aprendemos y mucho.

Un camino juntos

Desde que nacemos, los seres humanos buscamos adaptarnos a nuestro entorno y lo hacemos a través de los sentidos. Todo lo que tocamos, mordemos, saboreamos, estrujamos, escuchamos es parte del aprendizaje; cada estímulo viene cargado de información para el bebé y será lo que configure aquello que conoce y siente.

Por eso, cuando al bebé lo tomamos en nuestros brazos, lo mecemos suavemente y le cantamos una canción de cuna, estamos creando un espacio íntimo y estrecho para establecer momentos de contención, de amor y de calma, como un abrazo.

Dentro de estos primeros vínculos está la lectura en voz alta, una práctica que cambia junto al pequeño, que crece y se adapta, que lo acompaña en sus primeros años de vida y se convierte en un recuerdo maravilloso, íntimo y único que comparte con los adultos que le leen.

El ambiente de estas primeras lecturas se complementa con la calidez de la habitación antes de la hora de dormir, una luz tenue, los brazos de papá/mamá, un peluche de compañía y, sobre todo, la voz de quien lee, cuyo tono y suavidad los envuelven en las emociones que propone la historia, creando un momento inolvidable.

El vínculo de la lectura

La lectura compartida es doblemente enriquecedora: nos permite experimentar una historia, un personaje, una aventura, o incluso un dolor, junto a otra persona; nos convierte en cómplices de aquello que leemos/escuchamos, fomentando un vínculo emotivo que no se rompe, aunque pase el tiempo y los hijos crezcan.

Pero, como todo afecto, debe ser alimentado, en este caso, de lecturas interesantes que gocen ambas partes, y de tiempo de calidad.

Una lectura se convierte en hábito de la mano de los padres y del entorno familiar. Si se piensa que es una imposición o tarea escolar, es porque se ha pasado por alto su enorme carga emocional y las ventajas que puede brindar para la relación entre padres e hijos.

La construcción de un lector

Aunque la lectura en voz alta suele ser una actividad pensada para bebés y primera infancia, no se limita a ningún grupo etario. Quienes tuvimos la suerte de escuchar a nuestros abuelos contar historias de aparecidos o leyendas recordaremos que solía ser una práctica común para todas las edades, y que grandes y chicos la disfrutaban por igual.

Sin embargo, conforme los hijos crecen, los momentos de apego cambian y deben adaptarse a los nuevos hábitos y responsabilidades que adquieren los niños al crecer. Si a los dos años leíamos en voz alta antes de dormir, a los diez años será más complejo que este momento se dé. Pero, no por ello el vínculo de la lectura compartida se tiene que romper.

Leer juntos una historieta, comentar un artículo de revista, leer por capítulos una obra (en la que adulto y niño leen alternativamente), opinar sobre la trama de una serie o una película, inventar historias, etc., son solo algunos ejemplos de aquello que podemos hacer para conservar el vínculo lector.

Por todo esto, hoy extiendo una invitación: empecemos a concebir a la lectura como un espacio habitable, lleno de sorpresa, reflexión y autoconocimiento, un lugar de refugio y amor, único e indestructible entre padres e hijos.

Carolina Bastidas
Carolina Bastidas
Licenciada en Comunicación con especialización en Literatura y Máster en Literatura Infantil y Juvenil. Desde hace más de diez años trabaja en la promoción y mediación lectora, implementada a través de instituciones públicas y privadas. Se ha desempeñado como docente, tallerista y escritora de literatura infantil. Hace siete años fundó El oso lector librería, un espacio especializado en libro ilustrado para niñas, niños y adultos, cuyo objetivo es promover la lectura, potenciar la relación de la infancia con los libros y acercar el libro ilustrado a todas las edades, por medio de actividades culturales.