DEL BUEN USO DEL NÚMERO DE EMERGENCIAS DEPENDEN MILES DE VIDAS

Un día tiene 24 horas, de las que ocho —en la mayoría de casos— se dedican al sueño, es decir, nos quedan 16. Sobre la base de base este cálculo, resulta incomprensible que alguien realice 20 llamadas de uso inadecuado a la línea de emergencias 9-1-1 en un solo día.

El ECU 911 es la institución que, desde hace más de ocho años, coordina la atención de millones de emergencias en Ecuador y su razón de ser es salvar vidas todos los días y a todas horas; sin embargo, esta labor se ve empañada por la irresponsabilidad de miles de ciudadanos, en su mayoría adultos, que creen que el número de emergencias puede ser usado para pedir comida, solicitar transporte en estado etílico, insultar, reírse… y esto ha hecho que el mal uso del 9-1-1 se convierta en un problema crónico y difícil de solucionar, por la falta de solidaridad y corresponsabilidad ciudadana.

Suena duro, pero cada vez que alguien juega con la línea 9-1-1 podría estar siendo cómplice indirecto de la muerte de otro ciudadano que sí está atravesando una situación de verdadera emergencia.

Este uso indebido causa congestionamiento de llamadas, entorpece la atención de incidentes reales, desperdicia logística y tiempo para la asistencia ciudadana, no permite que las unidades de las entidades articuladas se movilicen de forma oportuna e imposibilita la disponibilidad de los recursos de socorro.

Las cifras son alarmantes. Durante la emergencia sanitaria, el ECU 911 —mediante sus protocolos operativos y metodológicos— ha identificado casi un millón y medio de llamadas de mal uso. Es tal la magnitud de esta problemática que, si se calculara en forma secuencial el tiempo desperdiciado, esto habría significado cerrar los centros ECU 911 durante 50 días.

Imaginemos por un momento que un día se dejaran de atender los requerimientos ciudadanos: miles de vidas se perderían, miles de personas no regresarían a sus hogares… y en la conciencia de quienes llamaron para pedir pizzas, poner música, gritar o proferir insultos quedarían marcadas estas vidas que no se pudieron salvar. Tal vez no sabrían ni de quién se trataba ni en qué lugar vivía, pero a causa de sus desatinos ese día, en cientos de hogares habría alguien a quien llorar.

Durante 2020, cada día, desde los centros a escala nacional se coordinó la asistencia de 11 mil emergencias, lo que equivale a 500 atenciones por cada hora. Parecen solo números, pero son vidas salvadas gracias a la oportuna respuesta de paramédicos, bomberos, policías, agentes de tránsito, rescatistas, médicos, operadores de llamadas y de videovigilancia. Por cada hora que se desperdicia en la atención de una alerta falsa, se está jugando con la vida de 500 personas. Es asombroso, ¿verdad?

Esta problemática ha afectado la operatividad del sistema ecuatoriano en casi 4 millones de dólares, ya que el costo de una llamada indebida —que dura en promedio 1 minuto con 50 segundos— es de USD 2,56. El dinero es importante, sí; pero lo es más el tiempo que se desperdicia. En una emergencia, la diferencia entre la vida y la muerte la marca un segundo.

Estas llamadas se hicieron desde alrededor de 800 mil líneas y generaron más de 224 millones de dólares en multas.

Es necesario que todos comprendamos la suprema importancia de usar de buena forma la línea 9-1-1. Los esfuerzos de las autoridades por erradicar esta práctica han sido muchos, pero es necesario que las personas adultas, los padres de familia, los docentes empecemos a enseñar a los niños, niñas y adolescentes a usar de manera eficiente los servicios que salvan vidas y ayudan a mantener la paz y la seguridad.

Nos queda un reto inmenso en el horizonte: cuidar este servicio que es de todos y que está para brindar una nueva oportunidad de vida a esa persona que creyó que todo estaba perdido al tener un accidente, pero que siente alivio cuando del otro lado de la línea escucha una voz esperanzadora que le dice: ECU 911, ¿Cuál es su emergencia?

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Darwin Morejón Cherres
Darwin Morejón Cherres
Comunicador Social con formación en producción y revisión de textos. Corrector de estilo. Analista de Comunicación y de Relaciones Públicas del ECU 911.